6/5/10

GAME OVER

Ya no más. Decidí que se acabó todo esto. Basta de las madrugadas en tu nombre, de los tragos dedicados, de las canciones a tu salud. Un ridículo instinto de supervivencia retoñó de algún pozo oscuro mientras rodaba alguna calle. Se acabaron las cartas enésimas, los poemas que evocaban cualquier rastro de tu piel, las locas ganas de llorar en los karaokes, las frases delatoras, las cenizas. No lo niego, te seguiré echando de menos en cualquier instante. Extrañaré todo, créemelo. Seguiré escapando de ti y tú seguirás escapando de mí y de mis misterios. Me seguirá doliendo el haber sentido algo tan malditamente profundo por ti y no habértelo dicho, aunque lo hayan gritado millones de veces mis ojos, mis actos. Pero el hecho de obligarme a alejarme de ti, se ha tornado más insoportable que el no haberte tenido, aunque hayas estado frente a mí todos los días. Del otro lado de las tazas de café. Detrás del humo.


Me harás mucha falta. Dios sabe hasta cuándo, pregúntale si te atreves. Dolerá otra vez encontrarte gracias / por culpa de las personas en común. Pero sólo dolerá esas veces, o cuando un ingenuo te nombre de nuevo y me cuente de ti. El resto de los días, los gastaré tratando en vano de olvidarte. Se acabó esta noche, te lo juro. Y por último, prefiero que me odies a que te enteres algún día que te amé aquellas veces, tantas. Y que seguro seguiré amándote dentro de este pozo de mierda que me llevaré hasta callar para siempre.
Quería que lo supieras, aunque nunca leas esto.


15/2/10

Otro Catorce

Te sigo viendo en todas partes. En el rostro que otro rostro cubre y el cabello como fase lunar. Huele a ti por donde pase. Te presiento. Aunque no quiera, te espero. Me unto el patetismo, oigo risas burlonas. Me encuentro a mí misma riéndome de mí, escribiéndote lo mismo de tantas madrugadas. Desangrándome con cada recuerdo. Ensayando cómo actuar en el próximo encuentro accidental. Cómo me seguiré callando. Cómo me tragaré la rabia cuando alguien vuelva a nombrarte. Convenciéndome, una vez más, de que sigues aquí y que no hay manera de escapar de tus párpados.
Pensando en ti, irremediablemente.


24/1/10


Dijiste esas seis palabras y comprendí,
que no había mañana posible entre tus ojos de niebla.

14/1/10

Stupid Poem: I Saw You Crying.


(Había prometido, creo, no dedicarte una sola palabra más. Esto no es nada bonito. Todavía sé que no tienes ni idea de nada. Nunca lo harás. Pero no tengo a quién contarle que hoy te vi, otra vez, y tú no. Y que no importa de todas maneras).



I saw you crying tonight,

But you did not see me.
I saw your tears,
burning your face.
They are still killing,
I will not stop praying,
But I have to laugh;
You said you were happy,
Congratulations,
You can not forget
how to lie.


13/12/09

¡Es contigo!




Dejar de escribirte es más difícil que dejar de fumar. Ésto último ya lo he hecho unas ocho veces. Pero amarrarme las manos, cortarme los dedos, prohibirles que abracen un lápiz, una pluma. Que no salten sobre el teclado del ordenador para gritar sobre los campos de texto todo aquello que mi boca no se arriesga a susurrar. Es sencillamente imposible.
Es verdad, daría la vida por ti de ser necesario, pero lo que más duele es saber que no te das cuenta que no me necesitas realmente y sigas insistiendo, buscando un encuentro que ni por error se va a dar.


Mira a tu alrededor, tienes todo lo que quieres y más aún, tienes a la persona que más quieres. Tú, por lo menos, figuras entre mis fotografías. Yo no estoy en el cuadro. Abre bien los ojos, presta atención. No te hago falta. Soy, apenas, una letra, un píxel, un kilobyte de memoria que he borrado de tu mentira. Desaparecí en ese remolino de fuego que es tu espalda. Te he hackeado la cuenta de los abrazos que me hicieron dejar de ser ese personaje inanimado. Todo fue ficción. Observa. Se están terminando los créditos, cariño. La película ya fue editada, recuerda. Sólo fui un "outtake".


Río al percatarme que esto no vas a leerlo y si lo llegas a hacer, por obra y gracia de algún afamado buscador, creerás que es para ti, te lo apuesto. Pero nunca lo sabrás.
Serás, en mi álbum, una imagen deteriorada por las décadas. Y en mi esencia/alma/mente/corazón, la certeza de que fui feliz un par de días y el lamento idiota de haberte dejado ir.




5/12/09

Entonces (Microrrelato)


Por LVI




Él ya lo sabía. Había caído en las redes de sus pupilas. Sabía que no existía parche capaz de hacer que dejara de fumarse su olor. No podía; ya había cometido el celestial error de dejarse encantar por aquella voz. Una vez más se sabía perdido, sin retornos ni salidas. Vagando por sus pestañas, dando tumbos por sus pómulos.

Era la primera tarde en el café en la que conversaron más a fondo acerca de sus vidas. Un hombre de rasgos asiáticos casi gritaba al teléfono en su lengua materna y se reía soltando bocanadas de humo al compás de la carcajada. La mesera conversaba con una pareja sentada más lejos y hacía chistes sobre una loca noche en el bar de un tal Fernando.


-Entonces no quisiste ser veterinario…

-No… Yo… acostumbro abandonar todo aquello que me guste…

-¿Cómo? –se sorprendió.

-Tengo tendencia a la adicción… de cualquier cosa que me guste…

-Así que debo deducir que no te gusta hablar conmigo.

-Ja… pero… no, cómo crees… si pasamos siglos hablando… yo, bueno, tú sabes, lo disfruto y tú…

-Entonces, ¿por qué sigues haciéndolo?


Él ya lo sabía. Lo sabía desde sus párpados hasta sus venas. Pero, ¿cómo diablos podría explicárselo a ella?

2/12/09

Todavía



(Hoy no habrá foto. El lugar existe, pero no tengo ganas de buscar una imagen que huela a sal.)




Sé que estuve aquí. Que era de noche y que no había luz. Que en la tienda me entregaron cuatro o seis cervezas, a duras penas, frescas. Sé, también, que no me importaba. Que quería embriagarme; estar feliz. Aunque estaba feliz y muriéndome.

Olía mucho a mar… Para llegar a la playa había que cruzar esa calle. Puedo jurar que estaba la luna, rastreando, buscando dónde ver su reflejo dentro del agua. Había tráfico, no era muy tarde. Sé que me sentía libre por causa del mismo olor y del infantil hecho de que podía cruzar la calle a aquellas horas. Aún lo hago.

Pero también sé que la luna encontró tus ojos inmensos y olvidó el mar. Y sé, además, que yo los había encontrado primero. Y que no había recordado nada de lo anterior, sino ahora, cuando empiezo a olvidarte.